EN EL PAÍS DE LA AFLICCIÓN

Por cuanto yo estoy afligido(a) y necesitado(a), el Señor me tiene en cuenta. Tú eres mi socorro y mi libertador; Dios mío, no te tardes. (Salmos 40:17)

A continuación les voy a narrar la situación que está viviendo doña Carmen en El País de La Aflicción.

Doña Carmen es una mujer que ha quedado sola con tres hijos pequeños, sin recursos económicos; pero sí con deudas.

Así como ella, hay otras mujeres que viven de manera similar: sin ayuda financiera. Solas. Tristes. Sin empleo. Solamente les abriga la esperanza de que sean aliviadas sus cargas para poder alcanzar sus sueños.

Quiero decirle a los oyentes de esta cadena Radial informativa, que hoy en día se está planeando desde los diferentes estamentos sociales una estrategia que pueda ayudar a muchas familias a superar situaciones como la que está viviendo la señora Carmen, quien nos escribe desde su humilde hogar porque no le es posible llegar a nuestros estudios para narrar personalmente su caso”.

Estimando lector, ¿No le parece a usted que acaba de leer una noticia del día a día? ¡Claro que todos los días sucede algo parecido!

Hace 29 años yo viví una situación similar a la de la señora Carmen. Es parte de mi testimonio personal que hoy he querido compartir con usted, con el propósito de recordarle “que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. (Romanos 8:18)

Es el año 1990. Hay una joven abandonada con dos niños pequeños. Sola, sumergida en un mar de tristeza y en una profunda depresión. Ha perdido los deseos de vivir. ¿Para qué levantarse cada mañana sin un propósito para ese día y para los venideros? ¡Tomar cuidado de sí misma no era importante porque no le veía sentido a lo que sucedía a su alrededor!

A medida iba trascurriendo el tiempo, se diluía cada vez más su esperanza. ¿Cuál esperanza? - Que su esposo regresara al hogar. – Por lo cual en medio de su angustia prestó oído a algunas voces que le ofrecían ayuda y solución.

Una de esas voces la engañó. Entonces ella al verse burlada, con una sensación de fracaso, enojo, decepción, profunda tristeza y vergüenza, entre otros sentimientos, se dijo a sí misma: ¿Y ahora qué voy a hacer? ¡Estoy perdida!

Ella no quería aceptar que había un gran vacío en su corazón. Lo único que quería era a su esposo de vuelta en el hogar. Sentía dolor viendo a los niños solos y ella se auto compadecía. Era un estado crítico donde ya no podía coordinar sus pensamientos. ¡Literalmente se estaba enloqueciendo!

La situación se tornaba cada vez peor: Sin recursos económicos. Pocas fuerzas para emprender una labor. Los niños se enfermaron. Los electrodomésticos dejaron de funcionar. El calor y los zancudos no permitían dormir bien. Las aguas de lluvia entraban al patio creando un charco maloliente. Sus ojos estaban cansados de llorar. No tenía apetito para comer lo que su madre le ofrecía con amor. ¡Ahora sí que había llegado a su punto máximo!

Fue entonces cuando en medio de su impotencia y con pocas fuerzas, decidió acudir a una pequeña congregación cristiana en busca de ayuda. Tomando de la mano a sus dos pequeños se dirigió al lugar. Allí fue recibida y asistida con oración, con estudio bíblico y consejería. En esa “casa culto” aceptó al Señor Jesucristo como su Salvador, y pasado poco tiempo fue bautizada en las aguas e inició en el ministerio de la enseñanza. Las cosas maravillosas que sucedieron después están escritas en MI TESTIMONIO. Al leerlo, usted va a comprobar cómo Dios sanó el corazón de una mujer quitándole la amargura y enseñándole a perdonar.

De modo que si usted está atravesando por alguna aflicción, hoy es el día de abrir el corazón al Señor Jesucristo y podrá obtener su paz.

Pues no se puede ser feliz fuera del señor Jesús,

No hay nada ni nadie que tu vacío pueda llenar.

Porque el vacío existe en ti desde que naciste tú,

Entonces solo Dios puede el problema solucionar.

 

En el país de la aflicción yo también he vivido,

Pero he sido sostenida por Dios y su Palabra.

Con Cristo, el amor y el perdón los he conocido,

Y sus misericordias que son nuevas cada mañana.

 

Cualquiera que sea tu situación Dios puede ayudarte,

Para Él nada es imposible lo dice su Palabra bendita.

No hay hombre alguno con el poder para liberarte.

Solo Cristo salva, libera, cambia, restaura y santifica.

 

Espero saber de ti y de tus experiencias con cristo,

Será un honor oír lo que Dios ha hecho a tu favor.

Si ya le has dado tu corazón entonces te felicito,

Pero si no lo has hecho acéptale como tu salvador.