Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aún más allá de la muerte. (Salmos 48:14)
La muerte no es un tema de conversación que agrade a quienes tienen el deseo de vivir. Es más, sabemos de algunas personas que a pesar de haber buscado la muerte, a la hora de abordar el tema prefieren evadirlo. Porque justamente, el ser humano no fue creado para morir. El hombre y la mujer fueron creados por Dios para vivir eternamente a su lado.
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.” (Génesis 1:26)
Observemos que el texto dice: “Entonces”. Indicando esto que no era suficiente los animales, las lumbreras, las plantas… ¡Alguien más debía hacer parte de la creación para que fuera perfecta! Pero, infortunadamente el hombre perfecto deja de serlo, pues, desobedece a su creador y le da entrada al pecado. ¡Así comienza la historia de la muerte! Y por cuanto todos pecaron, quedaron destituidos de la gloria de Dios. (Romanos 3:23).
Otro aspecto al que hace referencia el versículo del encabezamiento es el de la Guía Divina. Entonces nos surge una pregunta: ¿Cómo podría un hombre pecador ser guiado por un Dios Santo? ¿Cómo podría dejarse guiar si vive en desobediencia y hace su propia voluntad? ¡Eso sería como tratar de unir las tinieblas con la Luz!
¿Qué debería suceder entonces para que fuese restaurada la comunión? ¡Sigamos leyendo hasta descubrirlo!
Cuando dice el texto inicial “Este Dios”, se nos está hablando de la suficiencia del que todo lo sabe y de aquel es poderoso para guiarnos en todo tiempo. ¿Qué indica esto? Que cada persona sin excepción, por causa del pecado, podría fallar en cualquier momento. Por eso necesitamos al Dios infalible que tiene el poder de guiarnos por sendas de justicia por amor de su nombre. (Salmos 23:3)
Rechazar la dirección de Dios, es un principio de rebelión que pone en gran riesgo nuestra entrada al reino de los cielos. Espero que este no sea tu caso amigo lector. Pero si te has apartado de su voluntad. Si has tomando tus propias decisiones ignorando la guía divina, hoy es tiempo de reflexionar aceptando la salvación que Cristo te ofrece. Te invito por tanto a unirte conmigo en la siguiente declaración:
¡Reconozco oh Señor mi pecado y mi total desobediencia!
Reconozco que he hecho lo malo delante de tu presencia.
Que he andado en mi propia voluntad tomando decisiones,
Sin pedir tu consejo y sin darte las mínimas explicaciones.
Por tanto me arrepiento y pido por favor tu perdón,
Tú quieres hacerlo y habías esperado este momento.
Vengo con un corazón arrepentido diciendo ¡Lo siento!
Me pongo a cuentas contigo recibiendo la salvación.
Ahora guíame amado Señor en esta tierra cada día,
Porque aún más allá de la muerte te voy a necesitar,
No quiero deambular independiente de tu guía,
No permitas que yo ande en mi propia voluntad.
Porque la tuya es buena agradable y perfecta,
Que me protege de toda sombra de oscuridad.
¡Por favor oh Dios Eterno mi súplica acepta!
Vengo a ti, te necesito por toda la eternidad.
