¡NO PUEDO ESPERAR MÁS!

¡NO PUEDO ESPERAR MÁS!

En Dios solamente espera en silencio mi alma; de El viene mi salvación. (Salmos 62:1) LBLA

¿En alguna ocasión les dije que cuando era una niña, e incluso siendo una adolescente recibí disciplina de mis padres por no saber esperar?  ¡Yo quería que todo se diera rápido!

¿Le ha sucedido a usted algo parecido?

¿Qué usted ha estado esperando por años?

Es preciso señalar, que cuando en nuestras propias fuerzas esperamos que algo suceda, nos sentimos intranquilos. Pero también cuando esperamos en Dios calculando el tiempo, suele llegar la confusión y la ansiedad. Solo cuando esperamos en quietud, ciertamente Dios se dejará conocer y entonces tendremos motivos para exaltarlo, tal como leemos a continuación:

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. (Salmos 46:10)

Citemos las palabras dichas por el Señor Jesús a sus discípulos, las cuales alientan nuestro corazón mientras esperamos en él.

"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27)

Esperar en Dios es sinónimo de confianza y de paz interior. Esperar en Dios es una singular quietud en el alma, en cuyas condiciones somos aptos para oír su voz.

Alguien que confía en la provisión del Señor espera en silencio. Espera pacientemente sin alterarse. Y aunque él/ella sean asaltados por las dudas o por la frustración, no serán presa de la angustia, pues, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará su corazones y sus pensamientos.

Ahora bien, ¡Sabemos que esperar no es fácil! ¿O no ha tenido usted la experiencia de oír su carne gritar mientras espera en silencio? Mas permítame decirle que aunque esto suceda algunas veces, aquí lo determinante es nuestra decisión. Decidamos entonces escuchar la voz del Señor que nos dice:

“Ciertamente ninguno de los que esperan en mi será avergonzado… (Salmos 25:3)

Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán. (Isaías 40:31)

Estaré quieta y en confianza para ser fortalecida,

Así como Habacuc con pie firme sobre la fortaleza.

No me dejes infundir temor por nada en la vida,

Que aunque ruja tempestad yo me sienta protegida,

Sabiendo que es para bien todo lo que me acontezca.

 

Así que seguiré clamando aunque no vea nada,

Alma mía espera y recibe lo que estás anhelando.

Porque Dios lo ha prometido no seré avergonzada,

¡Oh Dios de mi salvación en ti seguiré esperando!

 

Esperaré sabiendo que habrá un nuevo amanecer,

Aunque la noche sea oscura y la luz no vea brillar.

Ha pasado largo tiempo pero no voy a desfallecer,

He recibido nuevas fuerzas para mi victoria tomar.