
En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal. (Job 5:19)
El 20 de Julio, día de la independencia, los colombianos celebramos haber sido liberados del dominio del imperio español. La historia cuenta que para lograr esta victoria fue necesaria una batalla. Pero hoy no nos centraremos en esta historia, sino en aquella que ha traído Verdadera Libertad a individuos, familias, pueblos y naciones.
¿Recuerda usted cuando el pueblo de Dios, es decir, cuando los israelitas salieron de la esclavitud después de haber sido oprimidos en Egipto durante 430 años? (Éxodo 12:40)
Pues, justo el día en que fueron liberados, Dios dio la orden de manchar con sangre los dos postes y el dintel de las casas. Haciendo esto, el ángel de la muerte pasaría sin hacerles daño. ¡Claro que no era cualquier sangre la que ellos debían emplear! Las Sagradas Escrituras dicen que esa sangre debía ser la de un cordero sin mancha y sin contaminación. (1 Pedro 1:18-19)
La sangre de un cordero sin defecto, evoca la imagen de aquel verbo hecho carne. Nos habla de la sangre del Hijo de Dios. Esa sangre que después de 20 siglos sigue teniendo el mismo poder y efectividad para hacernos completamente libres de la esclavitud del pecado. Por tal razón hoy no me puedo silenciar, sino que por causa de esa libertad con que Cristo me ha hecho libre, le digo a usted estimado amigo que, si está prisionero, pero proclama ser libre, todavía le falta obtener la verdadera libertad. Me refiero a esa libertad que no se obtiene con gritos, mucho menos con actos de violencia, sino con la preciosa sangre que Cristo derramó por nosotros en la cruz. Esta libertad la puede experimentar toda persona cuando reconoce que es pecadora y acepta que Cristo murió y resucitó. (1 Corintios 15:4) (Romanos 10:9)
Dios está levantando la bandera de victoria a favor de aquellos que han puesto su confianza en su Hijo Jesucristo para recibir el perdón de los pecados. Y respecto a quienes han decidido dar a Dios la espalda, a ellos sigue buscando insistentemente para que se vuelvan de su mal camino y reciban la misma cobertura.
Cuando examinamos el texto del encabezamiento, comprobamos la continuidad de nuestra liberación, pues, al llegar al número Seis Dios no se detiene, sino que sigue trabajando a nuestro favor para mantener la plenitud de nuestra salvación.
¿Qué nos dice esto?
Que debemos revisar las liberaciones pasadas para no olvidar la inmutabilidad del amor de Dios. Él nos ha liberado en muchas ocasiones, y lo seguirá haciendo con la misma fuerza poder y autoridad. Gloria sea dada a su Santo Nombre por los siglos de los siglos. ¡Aleluya!
Confiemos absolutamente en el Dios todopoderoso,
Aunque a nuestro rededor rujan huestes de maldad.
Pues Dios nos defiende de su furia contra nosotros.
Y el Espíritu Santo levanta un muro de seguridad.
Siempre estamos protegidos bajo su manto de amor,
Dios como con un escudo nos rodeará de su favor.
Y aunque vengan ríos o soplen vientos en alta mar,
Dios que es nuestro refugio, en Él vamos a confiar.
Somos un pueblo amado por Jesucristo el Señor,
De Él hemos recibido una palabra de libertad.
Cantemos nuestro Himno y alcemos el Tricolor,
Adoremos al que Vive y Reina por la Eternidad.
Amén.
