DE LA TIERRA DE EGIPTO

Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te hice venir de la tierra de Egipto. Abre bien tu boca, y la llenaré. (Sal 81:10)
En el tiempo cuando los hijos de Israel clamaron a causa de la opresión que estaban viviendo en Egipto, Dios les respondió enviándole a Moisés, el libertador, para hacerlos subir a una tierra que fluía leche y miel. Los Israelitas clamaron siendo esclavos en un país extranjero. Pero simultáneamente, mientras ellos daban voces pidiendo auxilio, Dios estaba escuchando atentamente tal como lo revela las Sagradas Escrituras diciendo:
“Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. He oído sus gritos de angustia a causa de la crueldad de sus capataces. Estoy al tanto de sus sufrimientos. Por eso he descendido para rescatarlos del poder de los egipcios, sacarlos de Egipto y llevarlos a una tierra fértil y espaciosa….El clamor de los israelitas me ha llegado y he visto con cuánta crueldad abusan de ellos los egipcios. Ahora ve, porque te envío al faraón. Tú vas a sacar de Egipto a mi pueblo Israel."
Hoy quizá no seamos esclavos ni oprimidos a tal magnitud. Pero, ¿Qué me dices acerca de aquello que oprime tu alma? ¿Qué me dices acerca de las situaciones personales y familiares que te tienen al borde de la desesperación? Solo tú sabes lo que vives en el interior de tu casa y de tu propio corazón. A solas piensas y dices: ¡Hasta cuándo será esta situación! ¡No aguanto más! ¿Sabes? No solo lo pienses. Sino convierte ese pensamiento silencioso en un clamor audible. No detengas tu oración ante tal situación agobiante. Porque si clamas con vehemencia, tal como sucedió con los Israelitas sucederá contigo, ¡Dios llenará tu boca!
Dios sigue siendo el mismo. Él quiere que nosotros le expresemos nuestras necesidades y le hagamos peticiones. Él se ha comprometido a saciar nuestra alma con la abundancia de su propia casa, y a darnos de beber del torrente de sus delicias (Salmos 36:8)
Dios siempre tiene la respuesta correcta, por eso sus bendiciones no añaden tristeza. (Proverbios 10:22)
Dios cumple los deseos de nuestro corazón cuando nos deleitamos en Él (Salmos 37:4)
Hoy es día de clamar al Señor ¡Oh su presencia anhelad!
Sus hijos necesitan hacerlo hasta ver manifiesta su Gloria.
No es tiempo de dormir si queremos obtener la victoria,
Ven Señor sácianos ¡Con tu Palabra nuestra boca llenad!
Que prorrumpa el clamor con gemidos y con llanto,
Elevemos al Señor nuestras voces en humillación.
Porque las súplicas y peticiones Él no pasa por alto,
Dios es un Padre amoroso que escucha la oración.
Por tanto a ti me dirijo, a ti que lees este mensaje,
Atiende el sabio consejo de orar en todo tiempo.
No sea que cuando quieras hacerlo sea muy tarde,
Que estés tan agobiado sin esperanza y sin aliento.
Delante de Dios sean conocidas nuestras peticiones,
En toda oración y ruego, con acción de gracias orad.
Entonces su paz guardará la mente y los corazones,
El llenará nuestra boca si le pedimos con humildad.
