
Dios ha dado alimento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto. (Salmos 111:5)
“Donde come uno, comen dos”. Este es un dicho popular en mi Nación Colombiana. ¿Lo habías escuchado alguna vez, o también es popular en tu país?
Pienso que esta expresión tan coloquial se da, atendiendo a la palabra del Señor cuando dijera:
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mateo 6:26)
De manera que si las aves son alimentadas por nuestro Padre Celestial, si ellas como criaturas del Creador reciben su alimento a tiempo, ¡Cuánto más nosotros los hijos!
Hay personas que viven en condiciones económicas estables que no prestan mucha atención a estas palabras. Pero si observamos a quienes están atravesando por momento de escasez, ellos claman con urgencia el cumplimiento de esta promesa.
Ahora bien, el alimento es dado a todo ser viviente, pues, Dios cuida de su creación. Pero hay otras bendiciones que solo le son dadas a los que temen a su Nombre. Éstos serán provistos de todo el bien que sale de la boca de Dios, tal como lo vemos en el siguiente versículo:
“Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen” (Salmos 34:9)
Amados hermanos en Cristo, no nos conformemos con recibir solamente el alimento natural que es dado por amor y misericordia. Anhelemos también recibir lo que es dado por justicia, en cumplimiento del pacto que Dios ha hecho con los que le temen.
Si Dios en el pasado proveyó, hoy y mañana también lo hará. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. (Hebreos 13:8)
Encamíname oh Señor en tu verdad,
Para caminar por sendas de rectitud.
Que tu temor nunca me llegue a faltar,
Sino que te obedezca con toda solicitud.
Que jamás quisiera apartarme de tu lado,
Porque me privaría de lo que has preparado.
Gracias señor por establecer un pacto de amor,
Para saciar de bien a los que de ti tienen temor.
Te adoraré y te bendeciré ¡Oh mi Señor!
Con alabanzas exaltaré tu Nombre Santo.
Porque me has mostrado tu generoso amor,
¡Gracias oh amado Padre por amarnos tanto!
