
He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción. (Isaías 48:10)
Parece irónico que se haya inscrito en la piedra este mensaje: “NO TE AFLIJAS”. Porque, ¿Quién no se aflige por la muerte de un ser amado? ¿Quién no se aflige si está atravesando por un duelo?
Hace ya un tiempo le hablé a una prima para hacerle acompañamiento en su dolor por el fallecimiento de mi tía. Le dije que realmente no sabía cómo ella se estaría sintiendo. Habría podido decir “¡Lo siento!” O “¡Te comprendo!”. Pero sabemos que esas palabras en estos momentos suenan huecas. Es más, se podrían convertir solo en un protocolo. No quise hacerlo, preferí decirle lo que la Biblia dice respecto a la aflicción y al consuelo que recibimos a través del Espíritu Santo, lo cual es mucho más sanador que la multitid de mis palabras: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 2 Corintios 1:3-4
Partamos del hecho de que somos hijos de Dios y escogidos por medio de nuestro Señor Jesucristo antes de la fundación del mundo, para ser santos y sin mancha delante de él. Esta es la descripción hecha por el apóstol Pablo en Efesios 1:4, la cual aporta una excelente introducción al tema de hoy.
En el texto del encabezamiento hay tres palabras que saltan a la vista: Purificado. Escogido y Aflicción. Entre ellas, indudablemente la que más llama la atención es Aflicción. Y es que los escogidos necesitamos inevitablemente ser purificados, pero no sin antes pasar por la aflicción. ¡Oh qué manera singular de Dios tratar con nuestro corazón!
El Señor en su soberanía se puede valer de varios recursos para formar en sus hijos un carácter semejante al de él. Entonces, para que esto suceda "echa mano" de la Aflicción. (Pruebas, dificultades, tribulaciones...) De esta aflicción hablan las Sagradas Escrituras en muchos de sus apartes diciendo que, "Nuestros sufrimientos son pasajeros y pequeños en comparación con la gloria eterna y grandiosa a la que ellos nos conducen". (2 Corintios 4:17). Por tal razón, evadir la aflicción sería poco sabio, y procurarla sería una necedad.
La aflicción es semejante a un horno de fuego donde se quema la escoria del oro. En donde se determina el grado de calidad. De tal manera que los buenos momentos no revelan el verdadero estado del corazón. Pero después de haber sido procesados el resultado será evidente.
La aflicción es similar a una prensa o a un machacador que usa la experiencia del dolor para hacer salir lo que está dentro del corazón. La aflicción la podríamos experimentar una y otra vez, hasta que sea desarraigado de nosotros aquello que no quiere obedecer el llamado de pureza y santidad
Dios nos ha hecho un llamado a la santificación,
Pero es necesario que pasemos por la aflicción.
Mientras más dolor experimento es una señal,
Que algo está muriendo en el hombre natural.
Esta vieja naturaleza hombre o mujer es igual,
Sufren de tal manera para su transformación.
La sanidad es un proceso que toma un tiempo requerido,
Aplicando antisépticos divinos hasta alcanzar total curación.
Y son algunas etapas de aflicción las que Dios ha elegido,
Para darnos un refinamiento y purificar nuestro corazón.
Seguramente si hubiera otro medio curativo,
Sin la experiencia del dolor para poder vivir,
Que nos condujera a los mismos resultados,
Ya sin duda alguna Dios los habría utilizado,
Porque Él nos ama y no quiere vernos sufrir.
Así que, estimado amigo lector o hermano,
Si está pasando por momentos de aflicción.
Sepa que está siendo amorosamente procesado,
Está en las manos del Alfarero que le ha llamado,
Para formar su carácter y sea usted de bendición.
