¿ACASO DIOS NO HARÁ JUSTICIA?

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?  ¿Se tardará en responderles? (Lucas 18:7)

En el pasaje de hoy, Jesús refiere a sus discípulos una parábola acerca de una viuda que iba de continuo donde un juez, el cual no tenía temor de Dios ni tampoco respetaba a los hombres. A pesar de ello, la viuda venía a él constantemente diciendo: “Hazme justicia de mi adversario.”

Por algún tiempo el juez no quiso atender la petición de aquella viuda. Pero después dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a hombre alguno, sin embargo, porque esta viuda me molesta, le haré justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia.”

Y el Señor Jesús dijo: Escuchad lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a El día y noche? ¿Se tardará en responderles?  Os digo que pronto les hará justicia.

Reflexionemos acerca de las dos preguntas que hace el Señor Jesús:

  1. ¿ACASO DIOS NO HARÁ JUSTICIA A SUS ESCOGIDOS QUE CLAMAN A ÉL DÍA Y NOCHE?

¿Significa entonces que la justicia de Dios es hecha solamente a sus escogidos?

Bien sabemos que Dios hace justicia a todos los oprimidos (Salmos 103:6) y que también pagará a cada uno según lo merezcan sus obras. (Romanos 2:6) ¡Así es su justicia! Pero para los justos, es decir, para todos aquellos que han sido justificados por la sangre de Cristo, a los que le han recibido como Señor y Salvador y claman con perseverancia, para ellos existe la promesa de recibir justicia como un derecho.

Debido a que la oración le es encomendada obligatoriamente a los justos, el Señor se compromete a responder cuando se obedece el mandato. Dicho de paso, la oración no es una opción para los hijos de Dios; porque además de ser un privilegio de comunicación con el Padre Celestial, es también un canal de acceso a su justicia.

  1. ¿SE TARDARÁ EN RESPONDERLES?

Es imperativo que debemos clamar. La tendencia humana es buscar primero la ayuda de los hombres, mas Dios nos dice que a él debemos acudir. Aún si llegásemos a gritar no recibiremos reproche alguno, sino que su mano generosa será extendida y su oído estará atento a nuestro clamor.

Dios no tarda. No nos dejará esperando toda la vida. No, su respuesta llegará oportunamente. Pero si oramos solamente cuando nos oprime alguna situación y no cuando hay quietud y tranquilidad, estamos asumiendo una actitud pasiva. Estamos haciendo el tipo de oración ocasional que solo busca satisfacción inmediata. Cabe resaltar que una de las características de la oración perseverante es que recoge frutos que trascienden a la eternidad.

En la medida en que obedezcamos a Dios en ésta orden: Orar con perseverancia (orar sin cesar) (1 Tes.5:17) En esta medida recibiremos la respuesta oportuna. 

 

¡Ayúdame oh Señor a orar con perseverancia!

¡Ayuda a tus hijos oh Dios a orar sin desmayar!

Que podamos anhelarte desde el fondo del alma,

Que no seamos delante de ti un visitante ocasional.

 

Permite que llegue ante tu presencia con gozo,

Con perseverancia y regocijo venga a ti y clame.

Que no deje pasar un día sin buscar tu rostro,

Sino que con deseo ferviente y decisión constante,

Me aferre a tus promesas para obtener reposo.

 

Tus respuestas no tardan en traer salvación.

Porque cada oración que a ti he elevado,

Están en las memorias de tu libro sagrado.

Y cada vez que fervientemente he clamado,

Te has hecho presente en medio del dolor.