LUZ EN LAS TINIEBLAS

Ciertamente haces que mi lámpara alumbre. El SEÑOR, mi Dios, ilumina mis tinieblas. (Sal.18:28) RVA-2015

Tener consigo una lámpara en un lugar oscuro nos pone en ventaja con relación a quien no la tiene. Pero tenerla encendida y con buen combustible es lo que marca la diferencia. No obstante, hoy no hablaremos de una lámpara común. Hoy haremos referencia a la lámpara interior definida en sentido figurado por la palabra de Dios como el espíritu del hombre. (Proverbios 20:27)

Lámpara y tinieblas son dos vocablos en contraposición dentro del texto bíblico. Por tanto, dice el salmista David que, con toda seguridad. Es decir, CIERTAMENTE el Señor es quien hace que nuestra lámpara se ilumine. Lo cual indica que hay un combustible esencial para vivir encendidos, y es precisamente la presencia de Dios en nuestros corazones a través de su Palabra y del Espíritu Santo.

Dios conoce nuestros más íntimos pensamientos. Él conoce las áreas de oscuridad. Solo basta que penetre la luz maravillosa de su Palabra para que seamos iluminados y para que se disipen todas las tinieblas.

Desechemos las tinieblas de duda y de temor,

Que empañan la confianza en Cristo nuestro Señor.

Si esto sucediera, aún debemos seguir confiando.

La oscuridad no resiste de la palabra su resplandor.

Solo confiésala, créela y ella te seguirá iluminando.

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”  (2.Cor 4:6)

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2.Cor 4:3-4)

Es la Palabra de Dios la que ilumina mi oscuridad,

Ella es lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino.

Es la que puede alumbrar con su luz y su verdad,

A todos los que vagan por el mundo hoy perdidos.

 

También sin rumbo fijo y sin sentido yo vagaba,

Me tropezaba en mis propias tinieblas torpemente.

Porque mi lámpara por el mundo había sido apagada,

Pero mi Salvador y Cristo la ha encendido nuevamente.

 

Cuando penetra la luz de la Palabra del Señor,

Se disipan las tinieblas y las sombras de oscuridad.

Acepta a Cristo para que tengas su luz y su fulgor,

Entonces caminarás seguro en este mundo de maldad.