
También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón,
y nadie os quitará vuestro gozo. (Juan 16:22)
¿Tienes alguna razón para estar triste?
La tristeza a todos nos visita. ¡Pero tenemos buenas noticias! La buena noticia es que toda tristeza es temporal o circunstancial. Es decir, la tristeza no podrá permanecer mucho tiempo ni tampoco será para siempre. ¿Por qué? Pues bien. Déjeme decirle que la tristeza es de índole espiritual. De tal manera que cuando Jesús habita en el corazón de una persona, Jesús mismo hace que la tristeza se convierta en gozo. Es desde allí en el corazón, desde donde el Señor trabaja para convertir la tristeza en gozo. ¿Qué quiere decir esto? Que si Jesús vive en ti, ya no hay manera de que la tristeza se quede a habitar como residente permanente en “tu casa”.
Entendiendo esto, si la presencia de Jesús es la fuente del verdadero gozo, definitivamente el no tenerlo a Él es vivir en la más profunda tristeza.
El Señor Jesucristo nos asegura que nadie quitará nuestro gozo, pues, ese gozo es su presencia misma. ¿Y quién podrá arrebatar al Señor de dentro de nuestros corazones? Absurdo sería siquiera pensarlo; porque cuando el Todopoderoso vive dentro de nosotros, Él se manifiesta externamente en un asomo al mundo diciendo: “Esta es mi morada eterna. Me complazco en hacer feliz al ser humano. ¡Miren a mis escogidos como disfrutan la vida conmigo!... ¿Quieres tú también experimentarlo? Ven entonces a mí. Acepta mi oferta de salvación que va más allá de ser un rescate. Mi salvación es un disfrute continuo desde ahora y para siempre.”
Gloria sea dada al nombre de Jesús ¡Aleluya!
Opuestamente a la tristeza que es temporal, el gozo es eterno por causa de la presencia de Jesús en nuestros corazones.
¿Quisiera usted cambiar su tristeza por el gozo que da Jesús?
Hoy es una excelente oportunidad para decirle adiós a su tristeza. Hoy es el día propicio para decir ¡No más! Ya no quiero vivir en este ciclo repetitivo de tristeza y melancolía. ¡Renuncio a la depresión! Ahora mismo determino aceptar a Jesús como mi Salvador, quien es el único que puede darme el verdadero gozo.
Tener en el corazón la presencia de Jesús,
Es tener por siempre el verdadero gozo.
Quien lo haya aceptado tiene la virtud,
De dar testimonio y de ver su rostro.
Oro que no haya más tristeza permanente,
En el corazón de los creyentes en el Señor.
Pues el gozo de su presencia prevalece,
En medio de las pruebas nos fortalece,
Haciendo de nosotros más que vencedor.
Hoy te hago una invitación a ti estimado amigo,
A que aceptes el glorioso regalo de la salvación.
Humildemente escucha lo que Cristo ha prometido
Y tu tristeza será cambiada en óleo de bendición.
