ME DELEITO EN TUS MANDAMIENTOS

Bienaventurado el hombre que teme al Señor, y en sus mandamientos se deleita en gran manera.

Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. (Salmos 112:1-2)

El temor reverente a Dios tiene un alcance generacional. Por tanto, procuremos que nuestro corazón sea alentado cada día a una rendición voluntaria y a deleitarse en su Palabra.

Mientras nos deleitamos en Dios, el actúa en nosotros para que le amemos más. Esta es nuestra mayor inversión. Esta es una herencia de bendición para todos nuestros descendientes.

Muy grato es recordar que en la presencia de Dios hay plenitud de gozo, delicias a su diestra para siempre. Entonces…  ¡Deleitémonos en gran manera!

Gocemos y disfrutemos de la hermosura de la santidad de Dios, con el propósito de transmitir este legado a nuestras generaciones.

Que la rectitud esté ligada a mi corazón para honrar tu nombre santo,

Que mi descendencia sea bendecida como tú lo has declarado.

Pues en el temor de Dios hay sabiduría para apartarse del mal,

Y dejar herencia de bendición, una bendición generacional.

 

Ayúdame Señor a temer a tu nombre Santo.

A deleitarme en tu Palabra de todo corazón,

Que deje este legado, herencia de bendición,

Y no habrá sido en vano mi clamor y mi llanto.

 

Que mi corazón ame tus mandamientos,

Sean ellos mi meditación por siempre.

Que mis hijos te sirvan todo el tiempo

Y quieran vivir a tu lado eternamente.