¡GOCÉMONOS, LA TUMBA ESTÁ VACÍA!

Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios. (Salmos 70:4)

El texto de nuestra reflexión inicia con dos palabras muy necesarias: Gozo y Alegría. Si aplicáramos estas dos palabras al momento que estamos viviendo, ¡El gozo y la alegría no son solo necesarios, sino urgentes! Porque ahora mismo se ha apoderado de muchas personas la tristeza, la preocupación y la incertidumbre.

Muchos están a la expectativa de que termine la cuarentena para salir a disfrutar sanamente en familia, irse de compras o de viaje. Otros por el contrario están planeando cometer todo tipo de actos indecentes. Unos para bien y otros para mal anhelan que termine la pesadilla de la pandemia.

Infortunadamente se ha asociado el gozo y la alegría con las celebraciones y las diversiones momentáneas de este mundo. ¡Pero qué equivocados están los que así piensan! Pues, aunque sí es cierto que cuando participamos de actividades en familia y en grupos sociales nos divertimos y reímos. Pero eso no deja de ser momentáneo. Porque, a fin de cuentas, al volver a casa quien es depresivo sigue siendo depresivo. Quien es agresivo continúa siendo agresivo. Quien es mentiroso sigue mintiendo. Y así sucesivamente.

¿Que quiero decir con todo esto?

Que el verdadero gozo solamente lo pueden experimentar aquellas personas que buscan el rostro de Dios.

¡No he visto una sola persona salir de la presencia del Señor con el ceño fruncido, lleno de ira o de tristeza! Claro, ¡A menos que haya sido algo ficticio!

No hay tristeza. No hay depresión que prevalezca ante la presencia del Señor. La presencia del Señor es el mejor antídoto para combatirlas.

El maligno arrecia cada día para robar el gozo de nuestras almas, mas Dios en su perfecta voluntad se ha propuesto mantenernos a salvo si le buscamos sinceramente.

Es pues, el gozo, una promesa sin excepción para todos los que buscan a Dios. Estar cerca de Él es nuestra mejor inversión.

El Señor Jesucristo dijo al respecto en Juan 16:22

“También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.”

Esas fueron palabras dichas por Jesús a sus discípulos horas antes de su muerte. Por eso después de su resurrección se presentó vivo con muchas pruebas indubitables. (Hechos 1:3)

¡No había duda!  ¡Era el Señor!

Entonces, ¿Por qué estar otra vez en profunda tristeza cuando tenemos a un Cristo vivo con nosotros a través de la persona del Espíritu Santo?

El gozo que da el Señor es un gozo permanente y nadie lo puede quitar; mas el gozo y la alegría que da el mundo son solamente temporales y pasajeros. Por tal razón, la alegría que el mundo ofrece, el mismo mundo la puede quitar. Pero la alegría del Señor es gozo pleno para toda la eternidad.

Así como los discípulos al ver a Jesús le adoraron y confirmaron la promesa de su permanente presencia, seamos nosotros de ese grupo que creen y no de los que dudan. (Mateo 28: 16-20)

Quiera Dios afirmar mi vida rebosante de salud,

Para vivir la experiencia de su gozo en plenitud.

Él quiere que le entregue mi amor por siempre,

Y que cada día le busque más intensamente,

Proclamando salvación como la mayor virtud.

 

Le amaré admirando su exuberante belleza,

Cada día me enamoraré más de mi Salvador.

Amo esa libertad de proclamar su grandeza,

De buscar su presencia y su perfecto amor.

 

Tú por gracia me has librado de la angustia,

Me has sanado del profundo dolor y la tristeza.

Como testimonio anunciaré a los que te buscan,

Que por amor tú nos rescatas y haces proezas.

 

Anunciaré que eres un Dios amoroso y admirable,

Que has derramado sublime gracia inmensurable.

Engrandecido sea Dios que nos regala el pleno gozo,

Sacándonos de las profundidades y del lodo cenagoso.