NO SIGAS TU PROPIO CAMINO

 

¿Qué hombre es el que teme al SEÑOR? Él le ensenará el camino que ha de escoger. (Salmos 25:12)

Muchas veces, aunque siendo hijos de Dios, nos hemos encontrado en encrucijadas sin saber qué camino elegir. Es ahí justamente cuando cuidadosamente deberíamos detenemos a examinar nuestro corazón.

Antes de tomar cualquier decisión, antes de cualquier emprendimiento elijamos lo primero: Consultar a Dios. De seguro él nos hablará. Nos mostrará lo que debemos hacer para nuestro propio bienestar y el de los demás.

Supongamos que un chico sale a conducir sin permiso el auto de sus padres. A solo pocas millas de distancia una de sus llantas se daña y se queda sin combustible. No parece algo grave. No obstante, este adolescente niño - Ahora debemos agregar que es un niño porque carece de experiencia en cambio de llantas. No lleva dinero en sus bolsillos. Aún no posee una tarjeta de Banco. No tiene licencia de conducir… ¡Cómo se las va a arreglar! ¿Qué haría usted en este caso estimado amigo?

Quizá usted pensaría en algunas estrategias para superar el incidente. Pero aquí no se trata de resolver estratégicamente el problema y asunto arreglado. ¡Como si nada hubiese pasado! Claro que no. Es obvio que alguien debe asumir la responsabilidad por la falta cometida y de paso enfrentar las consecuencias.

Lo anterior nos deja varias enseñanzas: Una de ellas es que andar sin permiso del Señor y sin consultarle, es como tratar de conducir un automóvil con las llantas averiadas, o con la reserva del combustible. No en vano, las Sagradas escrituras dicen que “la gente hace planes, pero solo el Señor puede hacerlos realidad”. (Proverbios 16:1)

Trazar planes sin considerar el consejo de Dios es caminar sin dirección. Es andar sin su temor. Así lo corroboramos en Salmos 25:12 que dice: “Al hombre que honra al Señor, él le muestra el camino que debe seguir”;

De manera que con el temor de Dios estaremos menos propensos a equivocarnos, pues el Señor mismo nos mostrará el camino correcto y nos dará éxito en aquello que emprendamos.

El temor de Dios es enseñanza de sabiduría. Sabiduría que proviene de lo alto; la cual es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. (Santiago 3:17)

Cuando tememos a Dios le tomamos en cuenta en todas nuestras decisiones. En consecuencia, Él no nos dejará caer en el mal, sino que nos prosperará y nos guardará; porque en su santo nombre hemos confiado. Estas son las recompensas para aquellos que temen a Dios y no siguen su propio camino.

 

¿Temer a Dios es sentir miedo? ¡No absolutamente!

Es transitar por el camino que él nos ha mostrado.

Es hacernos dóciles y escucharle obedientemente,

Es hacer su voluntad con amor y no forzadamente,

Para que así nos vaya bien y seamos prosperados.

 

Oro que mi corazón tema al Señor por siempre,

Para ver recompensa y gozarme en su salvación.

El temor de Dios es un mapa de guía perenne,

Que nos enseña el camino y nos da dirección.

Si se deslizaran mis pies yo podría perderme,

Pero en mi Jesús tengo completa protección.

 

 Tú que estás a punto de tomar una seria decisión,

Detente por un momento y consulta el mapa divino.

La palabra de Dios dice que engañoso es el corazón,

Así que, no te muevas si todavía a Dios no has oído.

Porque a veces nos dejamos llevar por la emoción,

Y después cuando es muy tarde nos arrepentimos.