COSAS GRANDES Y OCULTAS

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. (Jeremías 33:3)

Uno de los versículos más citados de las Sagradas Escrituras es el que hemos tomado como referencia para nuestra reflexión de hoy: “Clama a mí, y yo te responderé, y te ensenaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”  ¡Yo quiero recibir los beneficios de esta maravillosa promesa!

¿Tú también quisieras conocer cosas grandes y ocultas que aún no te han sido reveladas?

Te has preguntado, ¿Por qué hay personas que dicen haber recibido una revelación de Dios mientras oraban, o momentos después de haberlo hecho?

Eso indica solo una cosa: La oración fue más que "una simple oración”. La oración fue hecha con vehemencia. Fue hecha desde lo más profundo del corazón. Justifiquemos este hecho.

Hay varios tipos de oraciones a Dios, y una de ellas es la que hacemos en alta voz acompañada muchas veces de lágrimas, ruego, clamor y súplica. Pero aunque no gritemos, aunque nuestra voz sea solo un susurro como fue la oración que hiciera Ana, la madre del profeta Samuel al pedir que se le concediera un hijo, este tipo de oración es la que sale de lo más profundo del corazón. Pues, la Biblia relata que Ana con amargura de alma oró a Dios, y lloró abundantemente. (1 Samuel 1:10)

La Biblia también registra que, dentro de Ana había una gran aflicción que la llevó a hacer ese tipo de oración. Y como resultado, no pasaron muchos días para que ella quedara embarazada.

Para recibir las cosas grandes y ocultas del reino de Dios, no basta con simples oraciones ocasionales o rutinarias. Mucho menos de palabras repetidas que ya salieron del corazón y de la mente de alguien. El clamor es una oración que sale de tu propio corazón arrepentido. De hecho, la Palabra de Dios dice que los sacrificios que Dios quiere son el espíritu quebrantado, y no desprecia al corazón contrito y humillado. (Salmos 51:17)

El clamor es una oración que el Padre Celestial escucha de manera directa. Algunos lo definen como “el número telefónico personal de Dios.”  Yo por mi parte diría que el clamor es además una puerta de acceso a las revelaciones del Padre.

Cuando clamamos, el Señor nos ve y nos oye.

"Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor." (Salmos 34:15)

Mi invitación es a orar de tal manera que recibamos las cosas grandes y ocultas de Dios, y no conformarnos con lo ordinario y pequeño.

Una persona de oración es persona de Visión, porque recibe revelaciones en la intimidad con el Padre.

Una persona que ora con perseverancia es confiable, pues, recibe el conocimiento de Dios en lo secreto.

Manteniendo una disciplina de oración, nuestra vida no será pasiva, sino que estará en constante renovación recibiendo más y más del corazón de Dios.

El Señor afirma:

“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído.”  (Isaías 65:24)

Cada vez que clamemos estemos seguros que Dios responderá. Por tanto… ¡Descansemos en su fidelidad!

Que sea Dios nuestra dulce compañía,

Para deleitarnos en íntima comunión.

Quiera él revelarnos su tierno corazón,

¡Recibe cosas grandes y ocultas alma mía!

 

Vivir sin tu presencia jamás yo podría,

Si no hablo contigo mi vida se secaría.

¡Oh que diera por conocerte más mi Señor!

Rindo mi voluntad para buscarte en oración.

 

Clamo a ti día y noche con vehemencia,

Pues quiero conocer lo que has de revelar.

Aquí estoy dispuesta a recibir inteligencia,

Gracias Padre amado, pues me la has de dar. 

 

Clamo por sabiduría y amor por tu palabra,

Clamo por salvación para mi familia amada.

Que todos vivamos una vida de consagración,

Con los ojos puestos en Jesucristo el Salvador.