El Señor tu Dios cambiará tu corazón y el de tus descendientes, para que lo ames con todo el corazón y con toda el alma,
y para que tengas vida. (Deuteronomio 30:6) NTV
Hablar del corazón es hablar de vida. De hecho, una persona con problemas en el corazón no piensa que tendrá larga vida. De igual manera, cuando hablamos del corazón espiritual, estamos hablando del centro del ser humano, de la vida espiritual. Por tanto, se requiere prestarle suma atención, pues ¡Si el corazón anda mal todo el ser andará mal!
En el contexto del pasaje citado, Dios dijo a su pueblo que, en el futuro, cuando experimenten todas las bendiciones y las maldiciones, deberán tomar muy en serio las instrucciones de su palabra. Si en aquel tiempo, el pueblo y sus hijos regresan al Señor su Dios, y si obedecen con todo el corazón y con toda el alma los mandatos que él les entrega, entonces el Señor su Dios les devolverá el bienestar, tendrá misericordia de ellos y les volverá a reunir de entre todas las naciones por donde fueron dispersados. Aunque estén desterrado en los extremos de la tierra, el Señor su Dios los traerá de allí y los reunirá nuevamente. El Señor su Dios los hará volver a la tierra que perteneció a sus antepasados, y será suya de nuevo. ¡Entonces serán aún más prósperos y numerosos que antes! (Deuteronomio 30:1-5) NTV
¡Qué declaración tan alentadora! Pero sigamos leyendo para tener una perspectiva completa.
El Señor tu Dios te prosperará en todo lo que hagas. Te dará muchos hijos, una gran cantidad de animales y hará que tus campos produzcan cosechas abundantes, porque el Señor volverá a deleitarse en ser bondadoso contigo como lo fue con tus antepasados. El Señor tu Dios se deleitará en ti si obedeciereis su voz y cumpliereis los mandatos y los decretos escritos en este libro de instrucción, y si te vuelves al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. (Deuteronomio 30:9-10) NTV
Estimado lector, quisiera que considere no solo las bendiciones, sino también los requerimientos para ser bendecido. Al leer los textos anteriores, encontrará en el primer párrafo un “si” condicional. Este si hace referencia al regreso del pueblo con sus hijos en obediencia al Señor con todo el corazón y con toda el alma. En el segundo párrafo menciona nuevamente la obediencia al volverse a Dios y cumplir las instrucciones dadas en su santa palabra. En ambos textos se hace énfasis en la obediencia, condición clave para recibir las bendiciones de Dios.
Cuando confesamos nuestros pecados y nos volvemos del mal camino, estamos tomando implícitamente la decisión de obedecer a Dios. El arrepentimiento y el cambio de conducta (Conversión) son señales inequívocas de obediencia, obediencia que nos permite gozar de la libertad con la cual Cristo nos hizo libres. Veamos qué dice el apóstol Pablo al respecto: Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. (Gálatas 5:1)
Después de sucedido lo anterior: Arrepentimiento y conversión, el Señor tendrá misericordia de nosotros, nos sacará de la cautividad y nos llevará a prosperidad. Limpiará nuestro corazón y el de nuestra descendencia para que le amemos, y hará prosperar la obra de nuestras manos para que nos vaya bien. Todo esto sucede cuando nos arrepentimos y nos convertimos de nuestros malos caminos. Cuando nos ponemos de acuerdo con Dios y le obedecemos con todo nuestro corazón.
Si tú y yo queremos por Dios ser bendecidos,
Atendamos cuidadosamente sus condiciones.
Esto no es pedir y poner su palabra en olvido,
Es obedecer y cumplir fielmente sin objeciones.
Señor, me humillo reconociendo mis pecados,
Delante de ti estoy, hoy me pongo a cuentas.
Porque las bendiciones que me has preparado,
No quiero que por mi desobediencia se pierdan.
Soy consciente que contra ti he pecado,
Máxime haciendo las cosas a mi manera.
Reconozco que tu Palabra he descuidado,
¡Más, gracias Señor por haberme liberado!
Sé que jamás volveré a ser como antes era.
Por tu Gracia ahora me devuelves el honor,
De recibir tus bendiciones que has reservado.
Por favor ayúdame a tener siempre tu favor,
Muchas gracias Señor por haberme salvado.
Amigo que estás leyendo esta reflexión,
Atiende la voz de Dios de manera urgente.
Porque ha prometido cambiar tu corazón,
Para que seas salvo tú y tus descendientes.
Primero confiesa tus pecados con humildad,
Reconoce que su palabra has desobedecido.
Dile que vuelves a él pues estás arrepentido,
Que deseas vivir a su lado por la eternidad.
Ya estando en Cristo como lo ha prometido,
Tendrás vida nueva y verdadera libertad.
¡Oh qué gran felicidad es estar cerca de Papá!
¡Escuchando el latir de su corazón amoroso!
Ven y recibe la salvación de un Dios maravilloso,
¡Pero háblale a tu familia! ¡No lo vayas a olvidar.
Se cumplirá así la promesa de salvación familiar,
¡Aleluya! ¡Esto es verdaderamente Glorioso!
Si crees en Cristo como Señor y Salvador,
Dios promete que nuestra casa salvará.
Recíbelo ahora mismo mi estimado lector,
Comienza a vivir por fe y tu vida cambiará.
