YO NO CAMBIO

¡Porque yo, el SEÑOR, no cambio; ¡Por eso ustedes, oh hijos de Jacob, no han sido consumidos!

Desde los días de sus padres se han apartado de mis leyes y no las han guardado. Vuélvanse a mí y yo me volveré a ustedes, ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos… (Malaquías 3: 6-7) RVA-2015

Los tiempos que vivimos ya nos son los mismos tiempos de mis abuelos, todo ha cambiado:  La moda. La política. Los acuerdos comerciales. La ciencia. La tecnología…

A medida pasan los años, los pensamientos de los hombres cambian y así mismo cambian sus planes: Cambian de vivienda, de ciudad, de país. Cambian el estilo de vida y sus costumbres. Cambian y cambian hasta envejecer y morir. Pero hay uno que no cambia: DIOS.

El pasaje bíblico afirma que, como Dios no cambia, los hijos de los hombres no hemos sido consumidos. Esto indica que la benevolencia y la misericordia de Dios son eternas tal como él es eterno. Indica además que Dios decidió amarnos y perdonar nuestros pecados para que vivamos a su lado por siempre.

Dios ha demostrado su amor eterno de diversas maneras con el fin de atraernos a su corazón. Por ejemplo, al profeta Jeremías se lo manifestó así:

Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. (Jeremías 31:3)

El generoso amor de Dios hace que prolongue su misericordia para no aplicar sobre nosotros el castigo que merecemos. Al no haber otro que perdone la maldad de los hombres, el profeta Miqueas hace una pregunta con su respuesta obvia:

¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. (Miqueas 7:18)

Lo que se percibe en los textos citados es el amor expresado a través de hechos. Dios nos revela su amor que conquista para que reconozcamos nuestras faltas y transgresiones. Que, aunque nos hayamos apartado de sus caminos, Dios sigue esperando por nosotros, tal como lo hizo aquel padre cuando vio regresar a su hijo pródigo. Se alegró tanto que no le importó su condición maloliente, sino que lo besó, lo vistió e hizo fiesta.  (Lucas 15:11-32). Así es el amor del Padre Celestial. Así es el amor del Dios que espera por ti.

Hay unos brazos llenos de amor esperando por ti,

Son los brazos del Padre Celestial que hoy te llama.

Su misericordia que es eterna nunca deja de fluir,

¡Mira que por mucho que estés alejado, él te ama!

 

Yo no cambio dice el Señor, tampoco cambia mi amor,

Jamás yo te rechazo, aunque hayas olvidado mis leyes.

Te estoy buscando todos los días pidiendo tu corazón,

Para que en vez de ser mendigo te sientes con los reyes.

 

Te daré un nuevo estatus al llamarte amado hijo,

Regresa al Padre, te dice la voz del Espíritu Santo.

Yo con paciencia y ternura te exhorto y te corrijo,

¿Quién en este mundo perdido te amaría tanto?

 

No te pido que por fuerza o por sacrificio me ames,

Simplemente acéptame y recibe mi amor primero.

Deja que por mi Espíritu en tu corazón se derrame,

Para que solo así conozcas el único amor verdadero.

 

Yo cumplo porque soy Absoluto y soy fiel a mi palabra,

No olvides que yo no cambio, lo repito una y otra vez.

Si a causa de tu pecado has pensado que no eres nada,

Toda persona es renovada cuando se rinde a mis pies.

De modo de si tu alma lejos de mí estuvo manchada,

Ven, acércate ahora mismo y al instante te limpiaré.